Coulton, Paul (2026) Cómo diseñar futuros más que humanos. In: Expandiendo los márgenes : Investigación en diseño. Editorial UOC, Spain. ISBN 9788411662031
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Abstract
Al principio de Macbeth, la obra de teatro de Shakespeare, el protagonista se encuentra con tres brujas mientras camina por el páramo. Las brujas son tres seres sobrenaturales que predicen que Macbeth será el rey de Escocia y su profecía pone en marcha una serie de acontecimientos que conducen a la perdición de Macbeth y a la muerte de muchas personas. La profecía de las brujas suscita preguntas, pero no sobre si realmente se puede predecir el futuro, sino, más bien, acerca de la naturaleza del libre albedrío y sobre si la profecía influyó en las acciones de Macbeth. Esta escena de Macbeth sirve para ilustrar tanto el posible poder de presentar una visión futura atractiva como que este tipo de prácticas se deben llevar a cabo con precaución. Se podría decir que el diseño es una disciplina que siempre se preocupa por el futuro, como afirmó Berry [1978]: «Las visiones del futuro son muy importantes para los diseñadores porque estos deben imaginarse tanto las condiciones que existirán en el futuro cuando se utilicen sus diseños en la práctica como la manera en que la creación de su nuevo diseño cambiará dichas condiciones». Sin embargo, crear estas visiones no es tarea fácil, como afirman Reeves, Goulden y Dingwall [2016]: «Todos los diseñadores tienen que lidiar con la incognoscibilidad del futuro. Los objetos que se diseñan aquí y ahora se utilizarán en algún futuro en condiciones que su creador no puede conocer ni controlar [...] incluso los actos más triviales se pueden desbaratar si no se obtienen los resultados esperados». Si bien tiene en cuenta esta dificultad, este capítulo trata de cómo el diseño puede trascender la atención en productos y servicios futuros, y lidiar con problemas terribles como el cambio climático, ahora y en el futuro. Para conseguirlo, el diseño como disciplina debe cambiar su práctica, como explica Tony Fry [2020]: «Para lograr un auténtico cambio transformativo, el diseño tiene que devenir futurizo». Este cambio está representado por la futurización del diseño, que, como práctica, no se ocupa de crear futuros productos y servicios específicos, sino de lidiar con la incognoscibilidad del futuro y fomentar un diálogo sobre las condiciones futuras (económica, social, medioambiental, etc.) que surgirán y si son deseables para determinadas partes interesadas. Las partes interesadas que se suelen tener en cuenta son humanas y las no humanas rara vez se incluyen en el proceso. Esto supone un problema, ya que la realidad es que todos los aspectos de nuestra vida existen dentro de conjuntos complejos de cosas humanas y no humanas que actúan en relaciones interdependientes, pero, con frecuencia, con perspectivas independientes [Coulton y Lindley, 2019]. En este capítulo ofrezco un encuadre más que humano alternativo, empezando por un debate sobre las perspectivas de futurización actuales dentro del diseño.
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